Biblioteca
Ahí está por fin. Después de tres meses en la estantería, el coche de Kiosho se digna a acudir a caja, para su venta definitiva.
La posible compradora me mira distraída, al tiempo que pone un poco de orden en el manojo de bolsas que carga en la mano izquierda.
Paso el producto por el lector de etiquetas, mientras la chica se apoya en el mostrador, ajena la hostilidad con la que observa todo su callado acompañante.
- Nueve con noventa y nueve.- Leo la cifra en la pantalla.
- ¿Cuánto?- Hay sorpresa en la voz femenina. Como cuando te dicen un chisme que no te esperas de la vecinita del tercero.
- Nueve con noventa y nueve.- Repito. Subrayo las sílabas, burlándome en mi interior de su vacío y su caos.
La clienta sonríe, algo descolocada. Señala levemente la pantalla del terminal informático, mientras vomita sus dudas.
-¿Seguro, que está bien? Es un coche de Kiosho. En la red ponía que costaba unos 50 euros…
Tiene cierta idea de lo que compra. Chapeau. Quizás sea una novia interesada, o quizás sea para su hermano.
La sombra cercana se agita, inquieta. Mi atención deriva por unos segundos a la caja del coche, y un torrente de comunicación subterránea amenaza con arrastrarme a lugares fríos y distantes.
Me centro en la joven, procurando obviar la presencia del “otro”. Parece que esto le molesta. Tanto mejor…
Intento esbozar una sonrisa, para aliviar cualquier suspicacia por parte de la chica:
-Estamos en liquidación. – Digo evasivo. – Supongo que eso explica el precio y lo convierte en un chollo.
Mi compañero Paco observa la situación desde la zona de disfraces donde estaba enfrascado en colocar las tetas de plástico de la manera más digna posible, entre las pelucas y las diademas con forma de pene. Su mirada viaja de la caja del coche a mi rostro de piedra. Rehúyo su pregunta muda. Ahora no. Todavía no…
La clienta me clava los ojos por unos segundos, tratando de sondearme. Finalmente se encoje de hombros y me da un billete de 10 euros. Cobro el importe, guardo el artículo en una bolsa de plástico y le entrego el paquete a la clienta, con un “gracias por su compra” carente de fuerza, que intenta disimular mis nervios.
Suspiro aliviado cuando por fin se van. La clienta y su acompañante salen de la tienda, giran a la derecha y desaparecen para no volver. Me pareció ver que el fantasma jugueteaba con la sombra de la mujer, hurgando en ella y cambiando cosas de sitio.
Pese a todo, les deseo lo mejor en su relación. A ella y al espectro. Unidos eternamente por la maldición del coche rojo de escala 1/18.
Mis estudios en Sociología, y otras fuentes menos confesables, me han hecho con el paso de los años un sujeto sensible respecto a ciertas fuerzas psíquicas que una vez invadieron la vida del hombre ordinario.
En su tiempo, había cosas intangibles ahí fuera. Espectros del deber y la apariencia, que pretendían dictaminar lo bueno y lo prohibido. Dueños del pasado, aquellos espectros gobernaron la vida de nuestros padres, dictando las leyes de lo ordinario, hasta que el cambio los devoró, y se vieron obligados a desaparecer del mundo.
Muchos piensan que esos dioses ocultos aún siguen vigilándonos, y observan nuestros actos desde la distancia. Aquellas entidades esperan, pacientes, que los astros se alineen a su favor de nuevo, y hasta entonces se mantienen en la sombra, conspirando por nuestra caída. Solo nuestra estupidez, y lo limitado de nuestras percepciones, nos protege del horror que nos acompañaría si supiéramos lo cerca que nos vigilan, en ocasiones, ese tipo de espíritus rencorosos.
Aún así, y a pesar de nuestra gran ignorancia respecto a determinados asuntos, una mirada atenta a las noticias sería suficiente para confirmarnos que la vieja compañía sigue a la deriva, obsesionados con castigarnos por nuestra osadía y reconstruir de nuevo las cadenas de la costumbre y el sometimiento que una vez nos unieron a ellos.
Los sueños me han llevado a admirar unos magníficos jardines con aire exótico, donde la luna era ocultada por siniestras figuras con demasiados ojos y demasiadas patas… Esas criaturas no nacieron en esta esfera, y nuestros sentidos no están preparados para admirarlas en su plenitud.
Un par de mis dudosos informadores sostienen de esos dioses se han ido aliando desde hace tiempo con las estructuras institucionales que más les beneficiaban, hasta convertir en derecho sus arbitrarios pasos. Ignoro cuánto hay de cierto en esta afirmación, y cuánto de paranoia encubierta.
Esas mismas fuentes han pretendido en más de una ocasión convencerme sobre las bondades de una ruptura total. Es una idea acerca de la cual hablan de vez en cuando: El punto Cero a partir del cual el hombre, carente de pasado, será totalmente libre y poseedor de su destino. Llaman a ese evento el Día de la Bestia, y aluden a él con sinuosas referencias a fuego y ruinas. Caos y pánico total, capaz de borrar todos los pecados de nuestros padres.
Yo escucho en silencio sus venenosos discursos, aterrado por sus palabras y sus sonrisas nerviosas, mientras ruego al cielo que no permita que todas esas aberraciones se consuman.
En el fondo pienso que los viejos dioses ajenos no son peores que las pesadillas que habitan dentro de algunos de nosotros, pugnando por salir a la luz y hacerse fuertes en este mundo, y quizás haya que esperar a que la rueda de la fortuna gire de nuevo para que nazca un buen hombre, merecedor de unos buenos dioses…
El fuego nos trae visiones. Recuerdos de cosas que han pasado o que sucederán en un futuro próximo.
En los rincones más oscuros de la existencia humana hay verdades inmortales, que se han arrastrado durante milenios, moldeando la existencia del homo superior.
Con la intención suficiente, nuestra conciencia puede volar por encima del tiempo, tomar perspectiva sobre el mapa del alma humana, y aprender las leyes inconscientes que nos mueven.
Imagina tu conciencia como un nudo de sentimientos e impresiones, dotada de un par de alas membranosas de color carmesí.
Haz un esfuerzo y vuela. Proyecta tu viaje siglos atrás. Deja que la deriva te transporte más atrás del hombre, a la cuna de las especies, donde los dinosaurios eran la especie predominante. Verás patrones repetitivos, tendencias crueles que se suceden en el tiempo…
Este sistema ya era así hace milenios.
Imagínate organismos biológicos simplificados, arrastrándose y alabando en lenguajes prohibidos la Gran Escala que les mantenía sometidos.
Esa parte del alma universal ha existido por siempre. La masa oscura de la vida, que prefiere obedecer a pensar. Que acepta cualquier destino por malo que sea.
El culto a la duda, el miedo y la degeneración. Lovecraft la conocía. La intuyo en sus propias fibras, y la proyectó en su propio panteón de dioses olvidados.
Y el espectáculo continúa. El eterno retorno sigue su curso. El imperio nunca terminó.
Salta. Regresa al Ahora. Ese espacio que crees el presente.
Renuncia a tus conceptos, a tus pasiones y sueños, e intenta lograr una visión del conjunto, sin que la angustia te devore.
Es la Era del Imperio. El eón de los sometidos.
Vivimos en un reino de necesidades artificiales y patrones impuestos para convertir al hombre en robots tontos, predecibles y manipulables.
Los viejos vicios de la humanidad se hacen fuertes gracias a la tecnología, ampliando su área de influencia y convirtiendo a los hombres en bestias de carga idiotizadas.
La balanza ha girado, y el reino del gris uniforme ha implantado sus leyes sinuosas.
La dictadura de la normalidad predecible y organizada, que mantiene bajo control el espíritu del genio que duerme en todos nosotros…
Un salto más, amigo, hasta el evento final.
Estamos donde el horizonte se alcanza. Donde las voces de metal adquieren voto.
El mecanismo ha alcanzado su plenitud, relegando los errores de la biología a la anécdota y el recuerdo. No hay espacio para la risa, ni para emociones no facturadas.
El valor humano ha sido cocinado y servido en bandeja a los reyes del nuevo mundo.
Vacíos y huecos, nos resta a nosotros seguir con el espectáculo. Ese es nuestro destino. Encontrar nuevo sentido entre las ruinas de lo existente. Desarrollar estrellas y narraciones entre los ceros y los unos.
2013. Despierta. Regresa.
Aférrate a tus coordenadas originales en el tiempo-espacio. Intenta olvidar rápido lo que has visto. Hay entidades ahí fuera capaces de seguirte a través de tus recuerdos. Cazadores de psiconautas y viajeros temporales. Olvida. Olvida. Olvida.
Escucha el sonido de la vida urbana que te reclama. Estas de nuevo aquí , a salvo en la comodidad de nuestra esfera.
Y aún así, lo sientes a tu alrededor, ¿verdad?
El imperio se agita. El imperio prevalece. En ese espectro de la existencia, en el que siempre es ahora y todo cohabita, tan cerca que podemos tocarlo con solo cerrar los ojos…
La página web Relatospulp.com, con la que suelo colaborar de vez en cuando ha puesto en marcha un taller literario con motivo del próximo Halloween.
La idea es presentar relatos ante la comunidad del sitio web, trabajar entre todos en su mejora, y más adelante, con los relatos más destacados, publicar un ebook para el disfrute del público general.
Pese a que me parece una excelente iniciativa, creo que por tiempos no voy a poder participar en dicho taller.
Ahora mismo estoy trabajando en dos relatos (Si, ya veis, de nuevo me tiendo a dispersar, que os voy a contar… XD), y ninguno de los dos podría cuadrar desde mi punto de vista, en la temática de Halloween que va a predominar en el señalado “evento”.
En los próximos días veré si puedo preparar algo decente para el taller, y si no soy capaz de cumplir con un mínimo de calidad, supongo que dejaré el material para una futura ocasión…
Aquí os dejo en enlace para que le echéis un vistazo y, si os place, enviéis vuestras obras…
Taller Literario Halloween Tales 2012.
Desde Pop Culture felicitamos a la gente detrás de Relatos Pulp por todo el trabajo desarrollado y les deseamos lo mejor.
Cordiales saludos.
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¡Tu opinión nos importa!
Hoy en el blog les traigo un extraño artefacto, que probablemente algunos de ustedes nunca hayan visto. Se trata de una obra de teatro.
“¿¿Una obra de teatro?? ¿¿Acaso han perdido la puta cabeza??” Definitivamente… Si.
Pero antes de que salgan huyendo, presas de la histeria, y temerosos de este extraño objeto innombrable que les presento, permítanme explicarme.
La obra de teatro es la primera colaboración que incluyo en el blog de mi buen amigo Antonio Torrico.
Antonio Torrico es un viejo conocido de la casa. Compañero de facultad, compañero de viajes, compañero de cines… Es uno de esas amistades con las que tienes tanto en común que inevitablemente vas coincidiendo en los diferentes puntos del camino… Antonio es tan friki como yo, tiene un sentido crítico afilado y le encanta escribir, al igual que a mi persona.
Es un misterio el porqué no le había pedido en el pasado que me ayudara en el blog…
Pero la naturaleza tiende a la simetría, así que hoy les traigo esta pequeña gran obra suya, que casa perfectamente con el espíritu último del blog. Ese del que nunca hablo y del que nadie pregunta…
La obra de Antonio habla de mentes mutantes. De sujetos que han evolucionado de manera extraña, y han terminado por convertirse en parias dentro de su propio entorno.
Estoy hablando de evolución humana señores. Dejen que les haga un resumen.
Hace cosa de cinco o siete millones de años nuestra línea evolutiva se separó de la del resto de primates. Luego llegaría el Australopithecus, el Homo Habilis (Hace dos millones de años) y llegamos al Homo Sapiens (Hace unos 200.000 años).
Luego viene la historia de las grandes civilizaciones, la escritura, la rueda, la abstracción y Cristo que lo fundó…
¿Acaso alguien piensa que la evolución es un proceso estanco y que se ha parado con nuestra llegada?
Ni de coña…
Tenemos una evolución biológica, a la que suele prestarse atención, y hay una evolución mental. Y esa evolución mental es la que, a mi modo de ver, se ha convertido en predominante y fundamental desde la llegada del Homo Sapiens y el comienzo del pensamiento abstracto…
Miremos alrededor.
En los últimos 100 años el hombre ha cambiado su identidad y su entorno probablemente más que en los 2000 años anteriores.
La evolución biológica avanza imperceptible, mientras que los bandazos de la evolución de las ideas nos sobresaltan y nos proyectan a lugares inexplorados (Léase la conquista del espacio, la conquista de nuestra propia psique, la creación de vida…)
Estamos evolucionando en la esfera de las ideas, mucho más rápido que en la esfera material.
De manera inevitable, esa evolución debería provocar la aparición de mutantes mentales, seres orientados evolutivamente a la esfera de las ideas, preparados para interaccionar de manera más eficiente con lo imaginario y lo virtual. Nuevas generaciones capaces de habitar en el ciberespacio, sujetos que se comuniquen a través de videos multimedia con el resto de sus congéneres mucho más fácilmente que a través del lenguaje oral o escrito y un largo etcétera…
¿¿Les suena de algo todo esto??
Caballeros. Ya hemos cruzado el umbral. El futuro ya está aquí, y nos ha desbordado…
Los sujetos evolucionados para interaccionar en el entorno virtual e imaginario muchas veces tienen grandes dificultades para actuar de manera adecuada en “el mundo terrenal”. Les cuesta hacer amigos, no saben comunicarse bien, sus expectativas no están alineadas con los objetivos vitales tradicionales…
El hombre del futuro es un paria en el presente.
De eso va la obra de Antonio. De jugadores con las cartas equivocadas. Mutantes virtuales condenados al fracaso en el mundo real.
Antonio no cede en su pulso, y no hay un final feliz en su obra de teatro, así que voy a hacer una última reflexión antes de subir el telón, para dejar un mensaje moderadamente optimista:
Como niños en sus primeros pasos, las mentes mutantes tropiezan, y caen.
Tienen que reaprender a interactuar con la esfera terrestre, ahí abajo, por sucia y vulgar que les parezca…
Pero todo es posible, y los mutantes pueden convivir con los humanos en relativa armonía, como nos han enseñado los X-Men o la serie de Alphas. Solo hace falta voluntad y constancia.
Mucho ánimo, caballeros, y no olviden ajustar sus conexiones con la esfera terrestre.
Este planeta nos pertenece por herencia. Somos la nueva especie…
(Una pequeña habitación de un piso. Una de las paredes está cubierta con una estantería llena de libros de género fantástico, manuales y dados de rol. Un póster de un conocido videojuego está colgado en otra de las paredes. Una cama deshecha, estrecha y sin cabecero ocupa una de las esquinas. Pegada a un lado de la cama se encuentra una mesa sencilla con un ordenador encendido encima. Delante suyo, un hombre de trentaitantos teclea y maneja el ordenador después de breves y rápidos vistazos a la pantalla.)
Juan Carlos: (hablando solo delante del ordenador) ¡Maldito cabrón! Retira el ataque. Ya te he dicho que estoy conectado.
…
Hijo puta, me has hecho gastar todos mis recursos en defensas. No me hagas además tener que reponer mis satélites. ¡Si no vas a conseguir renta!
…
¿Para qué tengo alianza si luego esos putos inútiles no son capaces de venir a defenderme? Estoy a punto de mandarles a todos a la mierda. Estaría mejor solo.
(Una mujer de unos sesenta años entra en la habitación llevando un montón de ropa limpia bien doblada.)
Madre: ¡Pero Juan Carlos! ¡Qué haces que no estas en el trabajo! Creía que te habías ido hace una hora.
Juan Carlos: (Sin dejar de mirar a la pantalla ni teclear) Tengo cosas que hacer aquí mamá. Hoy no puedo ir a trabajar.
Madre: ¿Qué es eso tan importante que tienes que hacer?
Juan Carlos: Cosas del ordenador.
Madre: Siempre que te veo estas con eso. Como sigas faltando al trabajo te van a despedir.
Juan Carlos: …
Madre: ¡Por lo menos llámales para decirles que estas enfermo o algo! No te quedes ahí embobado toda la mañana. ¿Y cuanto hace que no te duchas? Hueles fatal.
Juan Carlos: …
Madre: ¡Juan Carlos!
Juan Carlos: ¿Eh? ¿Qué?… ah, si, ya les llamaré.
(La mujer después de quedársele mirando unos segundos deja la ropa en un armario de la habitación mientras el hombre sigue manejando el ordenador sin prestarle la más mínima atención. Luego ella sale cerrando la puerta.
(Un despertador suena a las cuatro de la mañana. Juan Carlos salta de la cama y se sienta directamente en la silla enfrente del ordenador, que ya está encendido. Sólo va vestido con unos calzoncillos. Poco después su madre entra en la habitación vestida con un camisón pasado de moda y el pelo alborotado.)
Madre: ¡Juan Carlos, son las cuatro de la mañana! ¡Que tú ya no trabajes no significa que el resto de nosotros no lo hagamos! ¡Ya es la tercera vez que me despiertas en mitad de la noche con tu despertador! ¿Se puede saber que es eso tan importante que tienes que hacer para que te despiertes a estas horas?
(El hombre no contesta. Ni siquiera la escucha. Atareado y frenético mira un cronómetro digital que hay sobre la mesa mientras refresca la página en la que se encuentra constantemente. Su madre se queda allí de pié mirándole con preocupación mientras Juan Carlos habla solo.)
Juan Carlos: Jejeje… ¡Ya te tengo cabronazo!
(Un pequeño salón de un piso. La decoración es barata y sin gusto. Una mesa de cristal preside el centro de la estancia, con algunas figuras de porcelana sobre ella. Juan Carlos se encuentra sentado en el sofá, agarrado a un teléfono inalámbrico y visiblemente nervioso e inquieto.)
Juan Carlos: Si, hola buenos días. Llamé ayer para que viniera un técnico a solucionar un problema que tenemos con Internet… Si, no funciona… No, no es problema del router, lo cambié y sigue sin funcionar… Si, ayer me dijeron que vendría un técnico sobre las diez… ¡Pues que son las diez y cuarto y aún no ha venido nadie a solucionar el problema!… Si si, me tranquilizo pero aquí sigue sin llegar nadie, y debería haberme conectado ya hace una hora. Me arriesgo a sufrir pérdidas muy importantes ¿sabe?… sssssssssssi, negocios… oiga, perdone pero ¿puede decirme cuando va a llegar el técnico?
(Juan Carlos abre la puerta de su casa y sale al rellano con el teléfono aún al oído. Hecha un vistazo alrededor y luego mira el ascensor. Agarra el teléfono con mano temblorosa y cada vez más nervioso.)
Juan Carlos: ¿Puede llamar al técnico y decirle que se de prisa?… ¿Cómo que no puede? Les doy parte de mi subsidio de desempleo cada mes para tener Internet. ¿No tengo derecho a un buen servicio? ¿Es que no son capaces de solucionar ni una pequeña incidencia como esta?… ¡Mierda! ¡Joder! ¡Puta mierda de compañía!
(Juan Carlos tira el teléfono contra la pared del rellano, completamente fuera de sí. Este se hace pedazos. Una mujer mayor se asoma por una puerta que entreabre con la cadena echada, y mira temerosa a su vecino)
Juan Carlos: ¡Doña Carmen! ¿La he despertado? Perdone. Oiga, ¿usted tiene Internet en casa? ¿Le molestaría si paso un momento a usar su ordenador?
(La mujer cierra rápidamente la puerta sin contestar. Se oye como por dentro se cierran varios cerrojos.)
(Una amplia habitación de un recinto médico. En el centro de la misma se encuentra un grupo de personas sentadas en sillas colocadas en círculo. Juan Carlos es uno de ellos. Otra de esas personas sentadas es una mujer. Lleva una bata blanca y una tablilla para apoyar el papel sobre el que escribe a veces.)
Sofía: Pasaba diez horas al día en el tuenti. En el instituto estaba constantemente conectada con el móvil y el portátil. No salía de casa los fines de semana. No veía la necesidad. Me gustaba tener amigos y novios en la Red hasta un punto en el que no me importaba nada que tuviera que ver con el mundo real. Ahora, gracias a vosotros y a vuestras experiencias, me doy cuenta de todo el tiempo que he perdido. De lo valioso que es este, y que debo aprovechar mi vida relacionándome más socialmente, y menos virtualmente.
Doctora: Muy bien Sofía. Gracias por compartirlo con el grupo. ¿Hay alguien más que quiera contarnos su experiencia?
(Juan Carlos se ríe brevemente y para sí mismo con desprecio).
Doctora: Juan Carlos, ¿Quieres compartir alguna cosa con el grupo?
Juan Carlos: Sí. Tengo una pregunta: ¿Qué tiene de bueno ese mundo real del que tanto habláis? Me refiero a ¿qué ofrece esa vida a gente como nosotros? Un trabajo extenuante y mal pagado, una vivienda enana acompañada de una deuda enorme de por vida, una pareja de la que tienes casi un cincuenta por ciento de posibilidades de separarte, y unos críos que seguramente te falten al respeto cuando empiece a salirles pelo en sus partes y a ti se te empiece a caer de la cabeza.
Doctora: Es una forma muy negativa de verlo. La vida tiene también grandes satisfacciones. Sólo tienes que encontrarlas y…
Juan Carlos: Ya las he encontrado. Pero vosotros “los cuerdos” lo consideráis algo lo suficientemente extraño como para no admitirlo, y me encerráis aquí con todos estos ciber frikis a quienes tengo que considerar como mis iguales. Gente que parece curada con toda esta atención volcada sobre ellos. Se consideran felices cuando hablan y un círculo de personas les escucha. ¿Pero qué pasara cuando vuelvan a salir a la calle y todo el mundo vuelva a pasar de ellos como de la mierda? ¿Quien va a ayudarles cuando la vida real les haga sentirse más muertos que otra cosa? Se deprimirán y volverán a vosotros buscando ayuda de nuevo. Vosotros les recetareis vuestras pastillas, y luego os preguntareis, si es que os importa lo suficiente como para llegar a hacerlo, porque cada vez hay más gente con patologías de depresión.
Doctora: Noto mucha hostilidad reprimida en ti Juan Carlos. Quizás deberías…
Juan Carlos: Me pedís que ridiculice delante de todo el mundo mi antigua forma de vida, cuando lo único que me parece ridículo es esta forma de encarrilar a los desviados de nuevo hacia una cadena de producción esclava, y que encima os den las gracias por ello.
Doctora: a ver Juan Carlos, no creo que…
Juan Carlos: Aquí sólo soy Juan Carlos, un pringao de un barrio obrero de clase media sin amigos y a quien su única novia le dejó en el plazo de un mes. Pero en Internet soy Garlok el poderoso, señor de la guerra, líder de la alianza PROS, y el octavo miembro mejor situado del universo diecisiete. ¿Quien coño os habéis creído que sois para intentar arrebatarme todo eso?
Doctora: Dios mío.
(La consulta de un psicoanalista. Juan Carlos se encuentra tumbado en una especie de sofá mientras el terapeuta está sentado a su cabecera.)
Psicoanalista: Te falta confianza en ti mismo. Ese es todo tu problema. Buscas un sustitutivo en la Red para enfrentarte a la persona no que eres, sino en quien has dejado que te conviertas.
Juan Carlos: Eso suena muy bien pero ¿cómo se consigue tener confianza en uno mismo? Todos esos estereotipos y frases manidas sacadas de algún libro de autoayuda tipo: “si quieres, puedes” no me sirven para nada.
Psicoanalista: Eso es algo que tienes que descubrir por ti mismo.
Juan Carlos: Ya. Usted debía ser el primero de su clase ¿no?
(Un restaurante abarrotado un viernes por la noche. Los clientes se agolpan en las mesas, y Juan Carlos, vestido de camarero y con un gorrito ridículo en la cabeza, lleva una bandeja enorme con platos de comida a una de las mesas.)
Cliente hombre: ¡Cuidado! Casi me tiras la comida encima.
Juan Carlos: Perdone. Es que estas bandejas tan grandes hacen que me duela muchísimo el brazo.
Cliente hombre: Ya, eso es apasionante, pero esto no es lo que he pedido.
Juan Carlos: ¿No me había pedido las costillas Baby Back?
Cliente hombre: No imbécil, te he pedido la hamburguesa Cajún.
Cliente mujer: cariño, tranquilo.
Cliente hombre: es que este tío es un incompetente. ¿Ahora tengo que esperar otra media hora a que me traigas la hamburguesa?
Juan Carlos: Perdone señor. Se la traeré en cuanto esté lista.
Cliente hombre: No esperes propina chaval.
(En el mismo restaurante, los clientes ya se han ido. Los empleados limpian y recogen las mesas. El encargado está sentado en la barra. Juan Carlos permanece de pie cerca suyo con su gorrito sujeto con las dos manos).
Encargado: Estoy recibiendo quejas sobre ti.
Juan Carlos: Es que los clientes…
Encargado: No sólo de los clientes. También del resto de los camareros. Y no vuelvas a interrumpirme.
(Juan Carlos mira alrededor a sus compañeros recogiendo mesas. Algunos sostienen su mirada hasta que Juan Carlos vuelve a mirar al encargado.)
Encargado: Voy a repartir tu parte de las propinas entre el personal de cocina por los platos que tienen que volver a cocinar por tu culpa. Y puedes dar gracias de no estar en la calle ya. Ahora sigue recogiendo. Estoy cansado y quiero irme a casa ya.
(De nuevo en la consulta del psicoanalista)
Psicoanalista: Bueno hombre, ya encontrarás otra cosa.
Juan Carlos: ¿Cómo que?
Psicoanalista: No lo sé. Algo que te guste.
Juan Carlos: ¿Por qué tiene que gustarme algo?
Psicoanalista: Tienes que abrirte más. Hacer amigos nuevos, echarte novia… Tanta libido mal enfocada puede no ser buena para ti.
Juan Carlos: No crea que hay tanta libido.
Psicoanalista: Aún así te vendría bien conocer a una chica con la que pudieras…
Juan Carlos: … ¿follar?
Psicoanalista: No es sólo eso. Es tener a alguien en quien apoyarte. Alguien con quien tener intimidad y confianza. Algo de lo que tú careces.
Juan Carlos: Acaba de informarme de que no tengo novia. A usted no se le escapa una ¿eh doctor?
Psicoanalista: ¿Por qué no entras en una página de contactos de esas?
Juan Carlos: ¿Me toma el pelo? Vengo aquí para curarme de una adicción a Internet, ¿y usted me manda a una página Web para ligar?
Psicoanalista: …
(Juan Carlos y una mujer joven están sentados en la mesa de un restaurante)
Juan Carlos: ¿Cómo dices?
Novia: Mira, ha estado bien, pero creo que es lo mejor.
Juan Carlos. ¿Para quien? Para mi no.
Novia: Eres una persona muy metida en ti mismo. No consigo llegar a tu interior.
Juan Carlos: Es curioso. A mi me pasa lo mismo contigo.
Novia: Es que eres como un libro cerrado.
Juan Carlos: En estos tres meses no has hecho otra cosa que hablar de ti misma. ¿Cómo exactamente tenías intención de llegar hasta mí?
Novia. Mira, dejémoslo. No me hagas decirte ciertas cosas.
Juan Carlos: Dilas. Total, ya que más da.
Novia: Mira, no me caes mal. Eres un buen tío. Te esfuerzas mucho en agradar a la gente. Pero sinceramente no quiero pasarme el resto de mi vida con un camarero.
Juan Carlos: Sí, deberías volver con el partidazo de tu ex novio.
Novia: Pues ahora que lo dices…
Juan Carlos. No…
Novia: Vino a mi casa el otro día. Borracho, pero sinceramente arrepentido de todo lo que había pasado entre nosotros. Siento ser así de directa, pero nos hemos reconciliado.
Juan Carlos: Cuando dices que os habéis reconciliado te refieres a que se te folló como si no hubiera un mañana ¿no?
Novia: No quería decírtelo para no hacerte más daño, pero tú te lo has buscado. Sinceramente, no quiero estar más con alguien como tú.
Juan Carlos: ¿Pero sí quieres estar con alguien que se pone de coca hasta el culo y que te da unas palizas de las de acabar en el hospital?
Novia: Ha cambiado. Él ya no es así. Ha ascendido en su empresa, y se ha comprado un coche nuevo. Y dice que esta vez sí va a dejar a su mujer para que podamos vivir juntos…
(Juan Carlos se levanta de la mesa)
Juan Carlos: Me falta el aire. Tengo que salir de aquí.
(Sale apresuradamente del local hasta la calle. Es de noche. Mucha gente camina por la acera que da a la puerta del restaurante, así que Juan Carlos dobla una esquina y se mete por un callejón poco concurrido. Apoya la espalda contra la pared y respira agitadamente varias veces. Luego se dobla sobre sí mismo y vomita sobre el suelo mientras la gente por la calle principal sigue paseando sin prestarle la más mínima atención.)
(Consulta del psicoanalista)
Psicoanalista: Te dije que no te fiaras de ella.
Juan Carlos: ¿Cuando coño me dijo eso?
Psicoanalista: No nos centremos en el pasado. Tenemos que mirar hacia el futuro. El Hombre es como un río, que si no fluye se estanca.
Juan Carlos: Que preciosa analogía. ¿La ha leído en algún manual Zen?
Psicoanalista: La vida es así Juan Carlos.
Juan Carlos: Pues si eso es cierto, me dan ganas de suicidarme.
Psicoanalista: No seas tan melodramáaaaaaaaaatico. Ya encontrarás a otra chica.
Juan Carlos: ¿Por qué está tan seguro? A veces me da la impresión e que confunde la vida con una comedia romántica americana. No todos tenemos que tener un final feliz. No todos tenemos su facilidad para hacernos con cada coño que se cruza en nuestro camino.
Psicoanalista: No te pases. Yo estoy casado.
Juan Carlos: ¿Qué me está diciendo? ¿Qué es con su mujer con quien se va a acostar esta noche? ¿No será más bien con esa paciente adolescente de la sala de espera que le mira con ojos de adoración cada vez que le ve?
Psicoanalista: ¡Eso es ofensivo! Esa chica es una paciente. Lo que insinúas es ilegal y carente completamente de la más mínima ética profesional.
Juan Carlos: Mire doctor, no se lo voy a decir a nadie. Aquí estamos usted y yo solos, así que ya puede dejar de tomarme por imbécil.
Psicoanalista: Es comprensible que estés confuso. Por lo que he podido ver en ti, tus percepciones de la realidad suelen estar bastante alteradas.
Juan Carlos: Su papaíto debe tenerla muy puteada para que tenga que buscar un sustituto como usted. ¿Estaba pensando en ese par de tetas enanas cuando me hablaba de que hay que saborear los pequeños placeres de la vida?
Psicoanalista: (Se pone de pie muy enfadado) ¡Fuera de aquí jodido chiflado! ¡Largo de mi consulta! ¡Fuera!
(Juan Carlos, sorprendido y confuso se levanta del diván sin decir palabra. Sale del despacho y atraviesa la sala de espera, donde aquella chica está esperando. Él se para unos segundos, y ambos se miran con tristeza. Luego continúa andando hacia afuera. Abre la puerta que da al exterior, y antes de poder volver a cerrarla oye a su espalda la voz del psicoanalista.)
Psicoanalista: ¡Y no se te ocurra ir por ahí hablándole a la gente de tus delirios!
(Salón de la casa de Juan Carlos. Su madre está sentada en el sofá viendo la tele. Juan Carlos está sentado en una silla de ruedas, con un collarín alrededor del cuello, y magulladuras leves por todo el cuerpo.)
Madre: Deja de suspirar y resoplar ¿quieres? Yo no tengo la culpa de lo que te ha pasado.
Juan Carlos: ¿Tampoco tienes la culpa de que llevemos una hora viendo este programa asqueroso?
Madre: Empiezo a estar harta de tu agresividad. ¿Me estás haciendo pagar a mi el que no puedas volver a andar?
Juan Carlos: No es agresividad, mamá. Acuérdate de lo que nos dijo el médico. Se llama depresión.
Madre: Eso de la depresión es un invento de los psiquiatras para sacar dinero. Llevo sesenta años en este mundo y no me he deprimido en toda mi vida.
Juan Carlos: Prueba a tener un accidente de coche que te deje paralizado de cintura para abajo.
Madre: Con tantas lamentaciones no vas a ir a ninguna parte.
Juan Carlos: No voy a ir a ninguna parte. Punto.
Madre: Yo tampoco, que me toca empujarte de un sitio a otro por el resto de mis días. Si al menos tuvieras hijos…
Juan Carlos: Gracias por tu sensibilidad.
Madre: Mira, así es la vida, y tenemos que seguir adelante.
Juan Carlos: ¿Por qué? ¿Por qué tenemos que seguir adelante? Es que no lo entiendo.
Madre: ¿Qué prefieres? ¿Tumbarte en la cama y echarte a morir?
Juan Carlos: Si.
Madre: No hables así Juanca. ¡Si tu difunto padre te oyera! Ya sé que el que un conductor borracho choque contra tu coche dejándote a ti paralítico y a él ileso no es lo que nadie querría que le pasara. Pero así es la vida.
Juan Carlos: “Así es la vida así es la vida…” Si la vida es así, ¿para qué vivirla? Nacemos con esa necesidad ineludible de convertirnos en alguien, de llegar a ser algo, de conseguir alcanzar una determinada posición, de lograr amasar un cierto poder. No mucho. Sólo el necesario para dejar de considerarte un gusano y alcanzar así el status mínimo de persona. Sin embargo no a todo el mundo se le dan las capacidades de llegar a serlo. Ni siquiera hay sitio en el podio para todos. Para elevarte sobre el resto siempre tiene que haber alguien por debajo tuyo. Siendo así las cosas ¿Qué le queda a esa masa alienada, deprimida y saqueada?
Madre: Casi prefería cuando suspirabas y resoplabas. Déjame oír el programa ¿quieres? ¿Por qué no te vas a tu cuarto a jugar con el ordenador?
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¡Tu opinión nos importa!
No suelo hablar demasiado de mi vida personal en el blog.
Soy de los que piensan que un escritor es, principalmente, un canal y como tal debe comportarse, careciendo de importancia respecto a la obra que plasma.
Así, tiendo a considerar que a mis lectores les interesará siempre más un artículo sobre Ciencia Ficción que las peripecias en torno a mi rutina diaria o la forma en que me lavo los dientes por las mañanas.
Pese a ello, hoy romperé esa barrera y os confesaré que están siendo unos meses duros para mí.
Tengo un familiar muy cercano ingresado en el hospital desde hace tiempo y la verdad es que la cosa no mejora todo lo que debiera.
Resumiendo mucho, diré que las últimas semanas han estado plagadas de tensión, horas de espera y pocas recompensas.
Quizás sea por ello que me es grato compartir hoy con vosotros una pequeña buena noticia que me ha llegado recientemente, y que ayuda en gran medida a recuperar el ánimo desgastado.
Se trata de la publicación de varios relatos míos en una antología en formato ebook que ha editado la pagina web RelatosPulp.com
Para quienes no lo sepan, RelatosPulp.com es una página temática centrada en la literatura pulp, con la cual he colaborado en pasadas ocasiones, enviando para su publicación un par de relatos cortos, así como un artículo reciente sobre el relato de Lovecraft titulado Herbert West, Reanimador.
Los responsables de la página son gente bastante seria, con un buen proyecto a las espaldas, y verdadero amor hacia la cultura popular y la ciencia ficción. Gente, en definitiva, con la que da gusto trabajar y afrontar retos como la antología a la cual estoy haciendo referencia…
Mi participación en la antología, con cuatro relatos cortos, tiene más valor por lo simbólico del paso que supone, que por la propia calidad de mis propuestas.
Siendo justos, reconozco que los relatos publicados forman parte de una etapa ya pasada de mi trabajo, y a día de hoy los veo como obras superadas, con bastantes cosas que mejorar.
Aún así, publicar en un proyecto ajeno, como es la presente antología siempre implica un paso adelante, un nivel distinto de trabajo y posibilidades, y quizás, un espacio nuevo y abierto para el desarrollo creativo.
Son este tipo de pasos, por pequeños que sean, los que construyen verdaderamente el sendero, los pasos que nos llevan de un lugar a otro, de una situación estancada a nuevos horizontes.
Por ello, motivado por el significado de nuevo comienzo que desprende este pequeño logro, comparto con vosotros este momento, y os animo a que os descarguéis y leáis la mencionada antología.
Cualquier tipo de consideración al respecto será apreciada y bienvenida.
Saludos cordiales.
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¡Tu opinión nos importa!
Confieso que a veces la anomia se hace fuerte, y mi cuerpo dolorido me pide descanso y oscuridad.
Mirando las noticias, leo los mensajes agónicos de una España que se acaba.
Un adiós anunciado a una etapa que ahora se hace buena y feliz, idealizada por las dudas y el horror de lo que vino después.
En esos momentos, una parte de mí, más vieja que este mundo de asfalto y ladrillo se orienta instintivamente hacia los senderos olvidados de la sombra, los mitos y el fango.
Golpeado por la necesidad, mi cuerpo huye hacia la calle, y se arrastra hacia una biblioteca cercana, buscando evadirme de ese buitre agorero que me atenaza desde lo alto.
Aquejado como estoy, de rabia y frustración, avanzo como un espectro por las baldosas, y me interno en el bosque de estanterías y libros sin apenas ver a los funcionarios que me vigilan desde sus mesas. Mis miradas tienden a buscar de manera insistente alguna antología barata de horror que me haga olvidar los “monstruos del aquí y ahora”, en la fascinación de los terrores eternos que tantos y tantos han sabido plasmar.
En esos momentos de vacío, mi mirada se vuelve hacia Lovecraft, hacia sus mitos, y reconozco mis demonios en sus demonios, como el reflejo atemporal en una piedra negra, de origen ignoto. En las estanterías, el maestro de Providence destaca como una estrella fugaz. Un profeta de misterios que quizás ni él mismo supo entender. El cuarto rey mago, portando el Necronomicon a la infantil humanidad que lee, consume y asume como propias las fantasías ajenas.
Finalmente, alcanzo mi meta y acojo entre mis manos una antología barata en torno a los Mitos editada hace décadas, que a juzgar por el lomo y las cubiertas, ha pasado por épocas mejores…
Tras admirar su portada ajada y sentir una absurda oleada de simpatía y fraternidad para con el libro, me dirijo a una mesa para abrir las puertas de otros mundos y otras vidas, leer sobre fatalismos cósmicos y condenaciones anunciadas…
De este modo, concluyo mi viaje inclinado sobre la mesa de la biblioteca, atesorando la edición de bolsillo, con mi espíritu enfocándose en captar ecos de mis dioses interiores en la prosa de Lovecraft.
Hoja tras hoja, la mente divaga libremente, observando a trasluz la llama de mis vicios y defectos, acostumbrando poco a poco mi vista hasta empezar a distinguir los tentáculos que se perfilan entre el humo del olvido.
Por momentos, me doy cuenta de que siempre ha habido una semilla en mí, una puerta a ese plano negado de aullidos y garras, donde la sangre es fuerte y el dios astado camina.
Quizás de ahí nacen mi rabia y mis pulsiones. De ahí nace la criatura con pezuñas que pisotea planes y ficciones, que reduce a cenizas y derriba todas las mentiras.
Conforme sigo leyendo, hora tras hora, siento la transformación burbujeando bajo mi piel. Siento las esporas oscuras naciendo a lo largo de mi cuerpo, y esa promesa de libertad si dejo correr esas energías sobre el mundo.
Un nuevo sentido se extiende por las células de mi vida, regando con información escarlata el vacío de rutinas y hábitos artificiales…
Me despierto en casa, totalmente confuso y sin noción del tiempo transcurrido. Miro el reloj y marca las dos de la madrugada. Creo recordar haber llegado a la biblioteca a las seis de la tarde… ¿Que he hecho en todas esas horas? Las voces de los espíritus primigenios susurran en mi cabeza, y me hablan en un idioma de arena y fuego, aturdiéndome aún más con visiones extrañas de ciudades subterráneas y espíritus encadenados.
Pasan las semanas. Busco y escribo mis propios misterios, intentando comunicarme con esos dioses olvidados que se agitan a mi alrededor, mientras la transformación sigue su curso. Como un Cristo moderno, me sumerjo en la materia oscura de las pesadillas, en busca de esas pepitas de brillo que aporten sentido al todo.
Día a día cumplo con mis obligaciones sociales de manera mecánica, apenas por inercia.
Trabajo, familia, amistades… Siento que las cosas del reino del hombre cada vez tienen menos importancia para mí. Que mi espíritu esta en otras búsquedas, otros laberintos de acuerdo y voluntad.
Mis viajes al abismo me dan una sabiduría diferente, conceptos ajenos al mundo que me corresponde. Me asedian sueños delirantes y siempre, cuando despierto, me queda la duda de qué pasaría si cediera el testigo a esa otra parte de mi ser. El lobo eterno. Aquel que mastica y muerde…
Cada vez escucho más a menudo su voz. Cada vez me parecen más acertados sus consejos.
Y siento que llegará el momento en que el robot civilizado se desconecte por unas horas, unos días, y deje correr al lobo en libertad, para que haga el mundo a su imagen y semejanza.
Para entonces, terminará la crisis. Terminará la frustración, y la duda, y el miedo y la rabia.
Comenzará el reino de la Bestia, y el monstruo extenderá sus dominios por la ciudad que me rodea y aullará de satisfacción…
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¡Tu opinión nos importa!
Pasa el tiempo, pero los patrones se repiten, y las nuevas generaciones de habitantes saludan a la gran Madre Roja, la sirven y ofrendan sus victorias y sus fracasos, en ese gran altar que se esconde en cada calle, en cada habitación de esta ciudad…
Hubo un tiempo en que Daniel no sabía leer las señales. Una época en que no sabía escuchar los acordes que la gran Madre Roja ofrece a sus súbditos.
A sus casi treinta años, se sentía estancado, un hombre en paro, cuyos proyectos no parecían ir a ninguna parte.
Le gustaba imaginarse a sí mismo como un gran genio encerrado contra su voluntad, en la cárcel de cristal que alguien había considerado adecuada para él.
Eso fue antes de que las casualidades le condujeran, paso a paso, a toparse con el Culto.
Al principio solo fueron rumores.
Extrañas historias pintorescas que no llevaban a ninguna parte. Luego la ciudad encadenó las circunstancias, acontecimiento tras acontecimiento, facilitando que Daniel entrara en contacto con determinados artistas malditos, abandonados por la crítica y el público, poseedores sin saberlo de las últimas piezas del puzle…
La poesía y el delirio se adueñaron de su vida, arrastrándole en un viaje de bohemia y brujería.
Y detrás del escenario, tras los focos, Daniel fue aprendiendo a reconocer las estructuras profundas de ese mismo delirio, de ese sueño que algunos consideramos vida.
Poco a poco, el Gran Secreto le fue revelado.
Tenía extraños sueños, recurrentes, de una vividez angustiosa, en los que repugnantes humanoides con rostro de sapo se comunicaban con él, susurrándole obsesivos mensajes que a la mañana siguiente no lograba recordar.
También se le aparecían seres queridos que ya habían desaparecido.
Así, Daniel tuvo oportunidad de despedirse de su abuelo, y pudo conversar con aquel viejo amigo que se mató con el coche en una tarde lluviosa…
Finalmente, sus sentidos despertaron y fue por fin, después de tantos años, plenamente consciente de la ciudad en la que vivía.
Durante semanas, las maravillas que le rodeaban amenazaron con derribarlo, hacerle caer en la obsesión, en el miedo o la paranoia.
Pero superó dicho trance. Logró controlar la visión de esa segunda ciudad, señora de prodigios, y pudo cerrarla dentro de sí. Arraigó de nuevo en sus rutinas, su mediocre búsqueda de empleo y su vida cotidiana…
Quizás hubiera podido olvidarlo todo. Quién sabe.
Ignorar todos los símbolos, todas las voces, para llevar una vida gris y aburrida.
Pero el Culto le rastreó, y se pusieron en contacto con él.
Tenía un destino al servicio de la Madre Roja, decían, y ninguna fuerza podría cambiar eso.
Él era, por fin, el genio despertado. Era espíritu más allá de la razón y los condicionamientos, un cuchillo psíquico atravesando como si nada las múltiples capas de la falsa Realidad.
Lo supiera o no, se había convertido en una pieza más dentro de la gran guerra contra la Realidad Consensuada. Una bomba psíquica, preparada para estallar…
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¡Tu opinión nos importa!
Debo confesar que mis aficiones como narrador y “articulista improvisado” me han ganado con el tiempo algunas amistades que probablemente de otro modo no habría descubierto.
Es de este modo que hace un par de semanas me abordó a través del facebook un desconocido, aficionado a la Ciencia Ficción como yo, al cual al parecer habían causado gracia mis desvaríos semanales.
El enigmático personaje demostró en sus mensajes una cultura notable acerca de los Mitos de Cthulhu, y me debatió animadamente mis opiniones al respecto del Maestro de Providence.
Las primeras conversaciones desembocaron en posteriores intercambios de correos, sobre temas tan distintos como la crisis económica, la cultura popular o la magia urbana, lo que contribuyó a que entre los dos se forjara un respeto mutuo y una simpatía moderada.
En uno de sus mails, mi amigo me habló animadamente del gran potencial oculto en las cercanías del Rastro de Cascorro. Según él, los mercadillos populares son verdaderos puntos de concentración de las energías psíquicas urbanas, y ocultan grandes tesoros para las mentes creativas.
Así pues, siguiendo sus consejos y aprovechando mi intención de regalarle a mi padre unas cuantas novelitas “de a duro”, de esas que ambos apreciamos, acudí esta mañana a dar el paseo de rigor por el rastro de Madrid, para disfrutar de la jornada entre puestos ambulantes, vendedores de pilas y fundas para móvil, olor a sobaco y baratijas artesanales.
El recorrido fue claramente revitalizante. Tanto que una vez hechas mis compras decidí aprovechar para hacer algunas fotos para el blog.
En esas estaba, paseando por las callejuelas adyacentes al follón y la chifla que acompañan las aglomeraciones, cuando me tope con una serie de graffitis y arte urbano que atrajeron mi atención.
Interesado, gasté unos minutos en fotografiarlos, admirando la secreta creatividad oculta en esas pequeñas transgresiones gráficas.
Arrobado como estaba por la calidad de mis descubrimientos, mecido por el delirio de las emociones despertadas, mis sentidos se quedaron inexplicablemente atrapados en uno de los graffitis, hasta el momento oculto en una esquina de la plazoleta en la que me encontraba.
La imagen parecía mostrar un busto humanoide donde reinaba un único ojo inhumano, que ocupaba casi todo el rostro. La presencia de dicho ojo me provocó la incómoda impresión de que el ídolo estaba vigilándome y examinando lo más profundo de mi ser, desde la estoica objetividad de su cárcel amurallada.
En un primer momento intenté localizar el parecido de aquel ser con algún icono popular contemporáneo, de escasa importancia, pero ninguna semejanza vino en mi auxilio, y nada pudo ayudarme a restar fuerza a esa turbadora sensación de que el ojo me observaba y me manipulaba.
Parado frente a él, pugnando por liberarme del hechizo en el cual aquel ojo parecía haberme encerrado, comencé a sentirme extrañamente enajenado, poseído por una dimensión inexplorada de mi persona.
Finalmente, intentando escapar del poder de aquel “hombre” pintado en el muro, guardé la cámara y huí de la zona tan deprisa como buenamente pude, sin caer en la estampida horrorizada que tan cruelmente hubiera atentado contra mi concepto de mí mismo.
Aturdido, llegué a la parada del autobús número veinte, y subí en el vehículo que prometía llevarme a casa.
No obstante, el maleficio del misterioso hombre en el muro no acabó allí, y durante todo el trayecto me encontré extrañamente irritable, molesto por las conversaciones que se producían a mi alrededor, deseoso de gritar a mis convecinos de transporte que se callaran y no perturbaran la paz con sus insidiosas conversaciones vulgares…
Ya en mi hogar, y una vez repuesto del incidente, observo las fotos de la jornada, y no alcanzo la causa de mi desasosiego y malestar psíquico…
Las preguntas siguen perturbando mi mente, conduciéndome una y otra vez a aquella calle cercana a la Ribera de Curtidores… ¿Qué es lo que me pasó esta mañana? ¿Qué es ese hombre en el muro, que amenaza con poseer a cualquiera que fije su atención en él? ¿Quién lo pintó en la pared, y con qué oscuro motivo?
De momento, mis plegarias no encuentran respuesta, y solo espero que el olvido sea bondadoso conmigo y me permita recuperar el estado de paz e ignorancia que tanto solemos despreciar en nuestros audaces devaneos…
Y vosotros, ¿sabéis que puede esconderse detrás del Hombre en el Muro?
Os pido que me aportéis vuestra opinión y me ayudéis a resolver este misterio urbano…
En esta semana he reestructurado un poco el blog, creando el espacio de la Biblioteca.
La Biblioteca es el espacio donde se recopilan todos los relatos y textos artísticos que he creado a lo largo del tiempo.
Pop Culture desde el comienzo fue un espacio para colgar toda la narrativa que se mueve dentro de mí y amenaza con provocarme un colapso si no la plasmo en el mundo real. Así pues, tengo especial cariño por los textos que pueblan esta biblioteca.
Hasta el momento, y a día de hoy, la Biblioteca contiene 37 textos literarios, que podríamos encuadrar en las siguientes temáticas:
- Zombies (10 textos)
- De Amphibium Mysteriis (9 textos)
- Ciencia Ficción Espacial (7 textos).
- Cyberpunk (5 textos).
- Magerit, Ciudad Extraña (4 textos)
- Temática variada (2 textos)
Dentro del nuevo espacio, destacan en cantidad los relatos basados en el fenómeno Zombie, una temática que cogí como divertimento hace unos meses, y que me permitió expresarme y llegar más lejos de lo que yo pensaba.
Me consta que la temática zombie sigue interesando a buena parte de mi audiencia, por lo que quizás suba algún material relacionado de vez en cuando, si bien es cierto que mis intereses actuales se mueven en otras direcciones.
Por debajo de dicha temática, estarían De Amphibium Mysteriis y la Ciencia Ficción Espacial.
Los relatos sobre Ciencia Ficción Espacial es un pequeño homenaje personal a las novelitas pulp que tanto han hecho disfrutar a varias generaciones de españoles. Dichos relatos fueron un oasis, un sitio donde expandirme y husmear cosas distintas.
Igual intención tienen los escritos encuadrados en la temática Cyberpunk.
Admirador como soy de William Gibson y de su obra, el Cyberpunk era una faceta que no podía faltar en mi espacio personal.
Los relatos encuadrados en De Amphibium Mysteriis son un caso distinto.
De Amphibium Mysteriis es mi proyecto actual. Una rareza sobre la cual tengo las ideas claras en mi cabeza, que probablemente se desarrolle a lo largo de los meses.
Los textos encuadrados en Magerit, Ciudad Extraña podrían considerarse el germen a partir del cual surge De Amphibium Mysteriis, Aún así, ambos proyectos tienen una naturaleza distinta, y distinta fecha de inicio, por lo que es interesante mantener una mínima separación…
A día de hoy, estoy razonablemente satisfecho con los avances desarrollados y, si bien más de uno de mis relatos merecería una corrección y un lavado de cara, el nuevo espacio de la Biblioteca me causa cierto placer personal.
Espero que los lectores disfruten del material recopilado, y que me aporten sus opiniones al respecto de los relatos, para poder mejorar en el futuro.
Cordiales saludos.
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