Magerit, Ciudad Extraña
Aquí, en la “Piel de toro”, tuvimos la suerte de contar con autores como Jordi Bernet y Antonio Segura, que crearon su propio “Primigenio” y lo ubicaron en la red de túneles subterráneos que se extendían por debajo de la imaginaria Metropolis.
La serie en cuestión, Kraken, publicada durante los años 80, giraba en torno a una inmensa criatura informe que merodeaba por las alcantarillas de la siniestra urbe donde habitan los protagonistas.
El teniente Dante, miembro del Grupo de Acción Subterránea, servía como hilo de unión a lo largo de las historias independientes, permitiéndonos vivir a través de sus ojos el horror y la desesperación que la Urbe desprendía con cada aliento…

Sin embargo, Kraken no era solo una historia sobre monstruos horrendos y colosales. Kraken era, principalmente, una Serie Negra. Un espacio en el cual se sucedían historias de mujeres fatales, asesinos despiadados y un innumerable desfilar de personajes sordidos y nada recomendables.
Kraken era una serie insana, tanto por el monstruo con tentaculos que le cedía el nombre, como por el resto de secundarios de excepción que se esforzaban por mostrarnos el aspecto más oscuro de la existencia.
Con una clara influencia de Lovecraft, pero sin caer en el homenaje o la copia, Bernet y Segura lograron hacer una obra propia, con fuerte identidad, que sin duda merece una lectura sosegada por cualquier amante de Lovecraft o de los buenos relatos de Serie Negra.
La serie concluyó finalmente de manera abierta, con unas últimas viñetas en las cuales solo se hacía referencia a que durante más de 6 meses no hubo por parte de las patrullas más avistamientos del Kraken, y se dejaba en suspenso la amenaza informe, dando de este modo punto final a una de las series más memorables e interesantes del cómic español.
A pesar de este final, que quizás no hace justicia a la calidad de la obra, Kraken sigue siendo un documento importante en la tebeoteca de nuestro país, un ejemplo permanente de como conjugar elementos autónomos (monstruos, crítica social, Serie Negra) para hacer una Gestalt mayor, única y espléndida.
Drogas, fiebre, ayuno prolongado, o deriva voluntaria. Cualquiera de las puertas que dan a la Sala Escarlata es válida si quieres abandonar la seguridad de este plano y buscar oro entre el fango.
En algún momento unos pocos artistas malditos comenzaron a construir la Sala, ladrillo a ladrillo de sinrazón, escavando en los límites de la realidad una madriguera donde desovar los huevos del Caos y el absurdo.
Tras décadas entrelazando narraciones, chistes y literatura de alcantarilla, poco a poco aquel sueño cobró vida, estableciéndose como refugio para marineros ahogados, escritores sin fortuna y locos de atar.
Dicen que si recitas a Larra delante de un espejo a la hora bruja, tendrás un pasaje seguro a la Sala Escarlata. Dicen que el espíritu de Quevedo sigue vivo y habita en la Sala, entonando bravatas y acusando a los poderosos, furibundo y melancólico. Dicen que los perros pueden entrar a conveniencia en dicha sala, y por eso siempre saben más de lo que parece, y nos miran con esos ojos infinitos. Dicen, dicen… La gente habla mucho y a deshoras, pero pocos saben de verdad lo que hay en la Sala Escarlata.
Pero de vez en cuando aparecen extraños individuos en el Metro de Madrid, desorientados, y balbuceando incoherencias acerca de jorobados y duendes eléctricos, y traen en sus manos objetos que no son de aquí ni de allí. Cinturones, piedras, espadas de madera. Cosas sin importancia que atraen la buena suerte, y susurran secretos a quien desea escucharlos, y encuentra más verdades en los poemas que en los diarios…
En cierta ocasión, cuando trabajaba en el Corte Inglés, conocí a un viejo vagabundo que juraba que su chaqueta no era un abrigo corriente, sino que se trataba del codiciado Manto de los Prodigios, un objeto mágico buscado desde hace siglos por los Príncipes del Desatino.
El anciano borrachín solía merodear por la zona de Goya, rebuscando en los cubos de basura y mendigando para ganarse la comida como buenamente podía.
Cierto día dejé de verle y no he vuelto a reencontrar su insegura silueta desde entonces.
Me gusta pensar que el manto logró transportarle a un lugar mejor, con más comida y menos lobos, y un poco de calor para reposar los huesos.
Quizás esté en estos momentos leyendo sobre mi hombro a través de una bola de cristal o algún artilugio imposible, bromeando con Quevedo sobre a quién le toca limpiar las cagadas de los perros, y desde aquí le mando mis saludos, porque siempre es bueno acordarse de los viejos y de los borrachos y de los locos, y de él me acuerdo, con justicia, por partida doble o triple.
Uno de los mitos preferidos de los miembros del culto es el del Jinete Ibero.
La figura a la que hacen referencia dichas leyendas ha sido un motivo recurrente en la historia española, estando presente, por ejemplo en las monedas de 10 centimos de la época franquista.
En los escritos del culto se habla de un jinete eterno, que salta y galopa, cabalgando los diferentes planos de manera simultanea.
El jinete es un portal, un canal entre ambos mundos.
Un nódulo de energía irreal profunda e inagotable, esperando para ser invocada y recorrer de nuevo la vieja Iberia…
De Amphibium Mysteriis.
Durante años los adeptos del culto persiguieron el huevo dorado.
Explorando los túneles redescubiertos que conectaban con la red subterránea.
Atrapados por el sueño del huevo, los fieles creaban cosmologías de dioses ovíparos, caídos en la decadencia hace siglos.
El Oso y el Lobo cobraron importancia entre aquellos desvaríos, dotándose de una identidad fuerte y creíble.
Poco a poco los fanáticos del Oso y el Lobo se infiltraron en las castas dominantes, extendiendo su área de influencia a la política y las finanzas.
Las deidades inventadas pasaron a ser el nuevo ídolo de barro de la elite nacional.
El círculo de fuego que dominaba desde la sombra.
Mientras tanto, la obsesiva búsqueda del huevo dorado pasó a ser apenas una anécdota. Un mito de viejas y de nostálgicos.
El absurdo se había encarnado en el plano, adoptando los vicios y debilidades de las miradas infantiles que lo descubrieron sin entenderlo, y habían cambiado una dictadura estúpida por otra…
Documento manuscrito hallado en las instalaciones del Metro de Madrid el día 9 de Mayo de 2012.
De Amphibium Mysteriis.
Los Espacios subterráneos son tierra de nadie. Entre el ensueño y la razón. Abandonados por la lógica y las leyes férreas de la superficie.
Ese es el terreno donde habita Dracula y sus pupilos. Donde la oscuridad palpita y se hace consciente. Donde los susurros y los recuerdos vagos asaltan a los viajeros emprendedores, mostrándoles el oro oculto que los reyes no comparten.
Nuestros miedos, como nuestros sueños, nos definen y nos sirven.
Obedecen la voluntad del genio dormido que cabalga a través de nuestros cuerpos.
Son mascaras del Daemon al que servimos. Espacios autónomos de nuestro ser. Aquellos que siempre fueron negados más allá de la privacidad de la cama y los gemidos.
La danza de lo aparente y lo profundo estremece las paredes de Lo Ordinario, y solo quedan las promesas sinuosas de que nada será como fue…
Documento manuscrito hallado en las instalaciones del Metro de Madrid el día 24 de Abril de 2012.
De Amphibium Mysteriis.
El brillo toca las almas de los durmientes. Los simios NiNi tienen sueños raros y se remueven inquietos.
Los túneles de la madre conectan la red de mentes que gimen, ríen y lloran pensando que viven solas…
La risa es buena. La risa se lleva las tinieblas y deja entrever los colores a los monos grises que caminan en la ciudad subterránea.
Un gran chiste resuena, metro a metro, contagiando los rincones de la red-mente.
Las ondas se extienden, la gente ríe, más y más fuerte. Y abren los ojos, despiertos, a la claridad del mundo que les rodea.
Documento manuscrito hallado en las instalaciones del Metro de Madrid el día 16 de Abril de 2012.
En la estación fantasma se reunieron los genios y los locos.
Adorando lo que no estaba allí. Pasaron los días y las noches, y los prodigios se sucedieron.
Uno tras otro, los acólitos cruzaron al otro lado del espejo.
Al lugar del color viviente, donde viven los dioses y caminan los milagros…
Y cuentan algunos que de vez en cuando los espíritus de los anfibios vienen a este lado del plano.
Para renovar, de nuevo, los cantos a aquello que hay en el reino sin rostro, y proseguir los ritmos que abren las puertas de océano.
La Madre de los Mil Hijos, tiene un lado bendito, en la cara oculta de la luna roja.
Ella es el reflejo de las fuerzas que nacen y que mueren en todos y en todo.
Ella es Lo Rojo, es la vida que bulle y que se extiende. La savia que fluye por todos nuestros cuerpos, dando forma a lo intangible.
Más allá del horror, más allá del pánico por los espacios no reconocidos, allí está la sala roja, el espacio del encuentro, donde La Madre de los Mil Hijos ofrece sus dones a quien sepa escuchar, y la máscara del horror cae al suelo, revelando el arquetipo impersonal de lo que fue, es y será.
Bendecida, bendecida, bendecida.
Y en su gloria, las bendiciones caen y se esparcen sobre todos nosotros, que superamos el abismo de la duda y la negación…
La ciudad es una gran telaraña donde la información y la energía fluyen de manera natural. Todo permanece en la telaraña, incluso los muertos.
El eco de nuestros antepasados permanece en las calles que recorrieron una y otra vez, entremezclado con el sonido rutinario de la metrópolis. Son energía libre, retazos de información anclada en las hebras que forman y construyen la ciudad en la que vivieron y en la que murieron.
Nuestro vínculo con la metrópolis es en cierto sentido, un canal de comunicación con las generaciones anteriores que habitaron el terreno que nos rodea.
Al hacernos accesibles a los mensajes de la City, abrimos igualmente un espacio de comunicación con aquellos que ya no están de manera física en la ciudad.
Así, la ciudad se transforma en una gran caja de resonancia en la cual los recuerdos y los fantasmas se perpetúan, como ondas reverberando en una superficie líquida.
Alguna vez, mis antepasados han venido a aconsejarme. Me han presentado su visión sobre los acontecimientos que acontecen en el día a día. O simplemente han acudido a saludarme de nuevo y ofrecerme su apoyo como tantas veces en el pasado hicieron.
El hombre solo en la tierra es un mito. Solo es una mentira inventada por el propio hombre para sentirse triste y condenado en un lugar extraño.
Docenas de generaciones nos observan y acompañan en nuestro caminar.
Hijos de una misma diosa. Por los siglos de los siglos. Amen…



