Archivo de mayo 2012
Hacía tiempo que no escribía un articulo de opinión.
Sea bienvenido este regreso a las buenas costumbres, con motivo de festejar el interesante y ameno trabajo de Ángel Antón Svoboda basado en la popular mitología del inmortal escritor de Providence…
Hay tantas lecturas de Lovecraft como personas en el mundo. Que Lovecraft tuviera un estilo tetrico y morboso no significa que toda obra posterior deba seguir dicho camino.
La creencia en el determinismo “lovecraftiano” según el cual “si escribo sobre Lovecraft, debe ser oscuro y pernicioso” es limitante y, desde mi punto de vista, contraproducente.
Lovecraft dio una determinada visión de “sus dioses”, condicionada por sus circunstancias personales, historicas e incluso sus taras psíquicas particulares.
No tiene sentido pensar que cualquier tipo de “interrelacción” o trabajo posterior con dicha mitología debe seguir la dinámica depresiva y decadente que el autor mantuvo a lo largo de sus obras.
Es por ello que me hace especial gracia, y me resulta destacable la parodia ligera que se ha marcado el señor Angel Antón Svoboda, hasta hace poco total desconocido para mi persona.
La obra en cuestión, “Secretos Arcanos”, es un comic de humor ligero y “claro” que recuerda en su ingenuidad a los comics de hace años de Ibañez y otros autores de la era dorada.
Manejando diversos clásicos de la temática lovecraftiana (Brujos, el gran Cthulhu y sus huestes, villanos con peculiares degeneraciones propias de su trato con los Primigenios, etc…), el autor estructura una entretenida historia de persecuciones, intrigas y conspiraciones del fin del mundo, que sirven de excusa para pasar un buen rato a costa de Lovecraft.
Como crítica, señalar que a mi juicio el hilo de los acontecimientos se extiende sin verdadera lógica interna, pecando a veces de inocencia extrema.
Es desde esa inocencia desde la cual se debe disfrutar la presente obra, de mero entretenimiento y humor de linea blanca, a través de la cual recordamos un poco el placer de ser más niños y jugar a monstruos y científicos sin que esa bastarda aguafiestas que suele ser la madurez nos dijera que ya era hora de dejar de hacer el mono y arrastrarse por el suelo…
En resumen, Secretos Arcanos es una interesante propuesta de Ángel Antón Svoboda que, a pesar de los defectos del producto final, se aleja claramente del pesimismo existencial que suele acompañar todas las obras basadas en los Mitos de Cthulhu, y convierte su sencillez en un poderoso aliado.
Con el buen sabor de boca que deja su lectura, desde aquí le deseamos al autor un prospero futuro lleno de tentáculos y de Magia.
Para el resto, recomendaros que echéis un vistazo a esta pequeña joya en su Pagina Web o en cualquier librería especializada, y que valoréis por vosotros mismos…
Un cordial saludo.
Drogas, fiebre, ayuno prolongado, o deriva voluntaria. Cualquiera de las puertas que dan a la Sala Escarlata es válida si quieres abandonar la seguridad de este plano y buscar oro entre el fango.
En algún momento unos pocos artistas malditos comenzaron a construir la Sala, ladrillo a ladrillo de sinrazón, escavando en los límites de la realidad una madriguera donde desovar los huevos del Caos y el absurdo.
Tras décadas entrelazando narraciones, chistes y literatura de alcantarilla, poco a poco aquel sueño cobró vida, estableciéndose como refugio para marineros ahogados, escritores sin fortuna y locos de atar.
Dicen que si recitas a Larra delante de un espejo a la hora bruja, tendrás un pasaje seguro a la Sala Escarlata. Dicen que el espíritu de Quevedo sigue vivo y habita en la Sala, entonando bravatas y acusando a los poderosos, furibundo y melancólico. Dicen que los perros pueden entrar a conveniencia en dicha sala, y por eso siempre saben más de lo que parece, y nos miran con esos ojos infinitos. Dicen, dicen… La gente habla mucho y a deshoras, pero pocos saben de verdad lo que hay en la Sala Escarlata.
Pero de vez en cuando aparecen extraños individuos en el Metro de Madrid, desorientados, y balbuceando incoherencias acerca de jorobados y duendes eléctricos, y traen en sus manos objetos que no son de aquí ni de allí. Cinturones, piedras, espadas de madera. Cosas sin importancia que atraen la buena suerte, y susurran secretos a quien desea escucharlos, y encuentra más verdades en los poemas que en los diarios…
En cierta ocasión, cuando trabajaba en el Corte Inglés, conocí a un viejo vagabundo que juraba que su chaqueta no era un abrigo corriente, sino que se trataba del codiciado Manto de los Prodigios, un objeto mágico buscado desde hace siglos por los Príncipes del Desatino.
El anciano borrachín solía merodear por la zona de Goya, rebuscando en los cubos de basura y mendigando para ganarse la comida como buenamente podía.
Cierto día dejé de verle y no he vuelto a reencontrar su insegura silueta desde entonces.
Me gusta pensar que el manto logró transportarle a un lugar mejor, con más comida y menos lobos, y un poco de calor para reposar los huesos.
Quizás esté en estos momentos leyendo sobre mi hombro a través de una bola de cristal o algún artilugio imposible, bromeando con Quevedo sobre a quién le toca limpiar las cagadas de los perros, y desde aquí le mando mis saludos, porque siempre es bueno acordarse de los viejos y de los borrachos y de los locos, y de él me acuerdo, con justicia, por partida doble o triple.
Uno de los mitos preferidos de los miembros del culto es el del Jinete Ibero.
La figura a la que hacen referencia dichas leyendas ha sido un motivo recurrente en la historia española, estando presente, por ejemplo en las monedas de 10 centimos de la época franquista.
En los escritos del culto se habla de un jinete eterno, que salta y galopa, cabalgando los diferentes planos de manera simultanea.
El jinete es un portal, un canal entre ambos mundos.
Un nódulo de energía irreal profunda e inagotable, esperando para ser invocada y recorrer de nuevo la vieja Iberia…
De Amphibium Mysteriis.
Durante años los adeptos del culto persiguieron el huevo dorado.
Explorando los túneles redescubiertos que conectaban con la red subterránea.
Atrapados por el sueño del huevo, los fieles creaban cosmologías de dioses ovíparos, caídos en la decadencia hace siglos.
El Oso y el Lobo cobraron importancia entre aquellos desvaríos, dotándose de una identidad fuerte y creíble.
Poco a poco los fanáticos del Oso y el Lobo se infiltraron en las castas dominantes, extendiendo su área de influencia a la política y las finanzas.
Las deidades inventadas pasaron a ser el nuevo ídolo de barro de la elite nacional.
El círculo de fuego que dominaba desde la sombra.
Mientras tanto, la obsesiva búsqueda del huevo dorado pasó a ser apenas una anécdota. Un mito de viejas y de nostálgicos.
El absurdo se había encarnado en el plano, adoptando los vicios y debilidades de las miradas infantiles que lo descubrieron sin entenderlo, y habían cambiado una dictadura estúpida por otra…
Documento manuscrito hallado en las instalaciones del Metro de Madrid el día 9 de Mayo de 2012.



