Entradas con la etiqueta ‘De Amphibium Mysteriiis’

Debo confesar que mis aficiones como narrador y “articulista improvisado” me han ganado con el tiempo algunas amistades que probablemente de otro modo no habría descubierto.

Es de este modo que hace un par de semanas me abordó a través del facebook un desconocido, aficionado a la Ciencia Ficción como yo, al cual al parecer habían causado gracia mis desvaríos semanales.
El enigmático personaje demostró en sus mensajes una cultura notable acerca de los Mitos de Cthulhu, y me debatió animadamente mis opiniones al respecto del Maestro de Providence.

Las primeras conversaciones desembocaron en posteriores intercambios de correos, sobre temas tan distintos como la crisis económica, la cultura popular o la magia urbana, lo que contribuyó a que entre los dos se forjara un respeto mutuo y una simpatía moderada.

En uno de sus mails, mi amigo me habló animadamente del gran potencial oculto en las cercanías del Rastro de Cascorro. Según él, los mercadillos populares son verdaderos puntos de concentración de las energías psíquicas urbanas, y ocultan grandes tesoros para las mentes creativas.

Así pues, siguiendo sus consejos y aprovechando mi intención de regalarle a mi padre unas cuantas novelitas “de a duro”, de esas que ambos apreciamos, acudí esta mañana a dar el paseo de rigor por el rastro de Madrid, para disfrutar de la jornada entre puestos ambulantes, vendedores de pilas y fundas para móvil, olor a sobaco y baratijas artesanales.

 

Algunas novelas pulp que he comprado esta mañana.

 

El recorrido fue claramente revitalizante. Tanto que una vez hechas mis compras decidí aprovechar para hacer algunas fotos para el blog.

En esas estaba, paseando por las callejuelas adyacentes al follón y la chifla que acompañan las aglomeraciones, cuando me tope con una serie de graffitis y arte urbano que atrajeron mi atención.

Interesado, gasté unos minutos en fotografiarlos, admirando la secreta creatividad oculta en esas pequeñas transgresiones gráficas.

 

 

 

 

Arrobado como estaba por la calidad de mis descubrimientos, mecido por el delirio de las emociones despertadas, mis sentidos se quedaron inexplicablemente atrapados en uno de los  graffitis, hasta el momento oculto en una esquina de la plazoleta en la que me encontraba.

La imagen parecía mostrar un busto humanoide donde reinaba un único ojo inhumano,  que ocupaba casi todo el rostro. La presencia de dicho ojo me provocó la incómoda impresión de que el ídolo estaba vigilándome y examinando lo más profundo de mi ser,  desde la estoica objetividad de su cárcel amurallada.

 

 

En un primer momento intenté  localizar el parecido de aquel ser con algún icono popular contemporáneo, de escasa importancia, pero ninguna semejanza vino en mi auxilio, y nada pudo ayudarme a restar fuerza a esa turbadora sensación de que el ojo me observaba y me manipulaba.

Parado frente a él, pugnando por liberarme del hechizo en el cual aquel ojo parecía haberme encerrado, comencé a sentirme extrañamente enajenado, poseído por una dimensión inexplorada de mi persona.
Finalmente, intentando escapar del poder de aquel “hombre” pintado en el muro, guardé la cámara y huí de la zona tan deprisa como buenamente pude, sin caer en la estampida horrorizada que tan cruelmente hubiera atentado contra mi concepto de mí mismo.

Aturdido, llegué a la parada del autobús número veinte, y subí en el vehículo que prometía llevarme a casa.
No obstante, el maleficio del misterioso hombre en el muro no acabó allí, y durante todo el trayecto me encontré extrañamente irritable, molesto por las conversaciones que se producían a mi alrededor, deseoso de gritar a mis convecinos de transporte que se callaran y no perturbaran la paz con sus insidiosas conversaciones vulgares…

Ya en mi hogar, y una vez repuesto del incidente, observo las fotos de la jornada, y no alcanzo la causa de mi desasosiego y malestar psíquico…

Las preguntas siguen perturbando mi mente, conduciéndome una y otra vez a aquella calle cercana a la Ribera de Curtidores… ¿Qué es lo que me pasó esta mañana? ¿Qué es ese hombre en el muro, que amenaza con poseer a cualquiera que fije su atención en él? ¿Quién lo pintó en la pared, y con qué oscuro motivo?

 

Detalle del misterioso ídolo que protege las cercanías del Rastro de Cascorro.

 

De momento, mis plegarias no encuentran respuesta, y solo espero que el olvido sea bondadoso conmigo y me permita recuperar el estado de paz e  ignorancia que tanto solemos despreciar en nuestros audaces devaneos…

 

Y vosotros, ¿sabéis que puede esconderse detrás del Hombre en el Muro?
Os pido que me aportéis vuestra opinión y me ayudéis a resolver este misterio urbano…